Crítica cinematográfica: Forma y futuro 2

Fecha:

enero 13, 2019

Por: César Luna

Del compromiso social del crítico

Un crítico cinematográfico se debe al cine, y el cine se debe a la sociedad y a la cultura. No se puede hablar de cine sin un compromiso claro del crítico para con su sociedad.

Independientemente del marco ideológico con el que se conduzca, el crítico entabla muchas veces, sin darse cuenta, una conversación con el autor. El autor, aún hoy, es consciente de la crítica, y aunque quizá en menor medida que antes, esta crítica impacta su trabajo y sus decisiones. Con el poder y la ubicuidad que tienen los medios actualmente, buenos o malos, mejores o peores; a un autor ya no solo le afecta la crítica de las grandes revistas o de los grandes medios y figuras, sino también aquella que precisamente evocan los pequeños guías ilustrados del consumidor de cine.

Así, las razones por las cuales un autor debe tener en cuenta a la crítica se deben a lo más natural de su relación nacida hace décadas. No diremos aquí lo que ya se sabe sobre los intereses económicos de la industria y sus múltiples brazos de poder; pero estamos hablando de una crítica comprometida con el arte y la sociedad, y por qué no decirlo con el autor de la obra, porque es en parte gracias a éste último, que el autor subraya su trabajo y lo perfecciona, o por lo menos existe esa intención.

Se sabe también , que la crítica de cine, la buena crítica, ya no tiene el mismo impacto que tenía hace treinta años o más. La misma vorágine de medios, la era de las imágenes y la rapidez con la que se dicen las cosas, las noticias, las corrientes, ya no permiten darse el tiempo para analizar a detalle. La cantidad de películas que se producen es claramente mucho mayor cada vez, los mismos avances tecnológicos han permitido que esto suceda. Los costos de producción gracias a la era digital se han reducido considerablemente. Hacer cine hoy, ya no es tan inalcanzable como antes. Podríamos decir que materia prima hay, lo que falta es la renovación de esta crítica comprometida que hoy se ve solamente como una parte mínima dentro del entorno de la experiencia cinematográfica. A miradas vagas, pareciese que esto no pudiera ser de otra manera, es un “David contra Goliat” (como lo llama Alain Bergala), si consideramos el poder mediático contra el poder de la palabra. Sin embargo contestemos algo: ¿es ganar la lucha contra los medios y su inmediatez desmesurada y poco analítica lo que queremos lograr?, ¿desde cuando?, la respuesta es fácil: nunca.

La buena crítica, la de compromiso y responsabilidad, la que busca y la que le habla directo al espectador, pero también al autor, siempre ha sido una crítica elitista, si se me permite el término. Consideremos a los lectores de los grandes autores franceses, siempre dentro del circulo intelectual, escolarizados, y con una inclinación artística, que hablaban y escribían para personas iguales a ellos. Esto en buena parte sigue funcionando así, quizá porque así debe ser. La crítica cinematográfica, como cualquier método analítico basado en teorías establecidas, exige un estándar epistemológico que lo avale y respalde. Sin embargo, ante la clara venida a más de gente que no sólo consume cantidades enormes de cine, sino que también realiza; la “crítica” o por lo menos a lo que se le ha querido llamar así, se ha ido desfragmentando en tipos y formas incapaces de ser etiquetadas.

Dejémoslo entonces claro de una vez, la crítica de cine solo existe en una forma, la de un compromiso real para con la sociedad y sus autores, que reniega de ellos, pero que también construye y complementa, y que busca, como siempre lo ha hecho, entablar un diálogo con sus protagonistas a propósito del cine, con el afán de desmenuzar el carácter del creador y conocer sus porqués, como acaso ¿no es lo que pretende toda crítica del arte?

Sobre la necesidad de una preparación académica para hacer crítica

Para todo fin que conlleve un juicio, se necesita un mínimo de autoridad moral, de principios y de conocimiento. Existen muchos casos en los que grandes líderes de opinión, han forjado su intelecto y liderazgo bajo la generación de una curiosidad autodidacta determinante. Como fuere, es un principio universal que la preparación en la procuración del conocimiento y el compromiso de un vocación de responsabilidad, es de vital importancia no solamente para que haya un buen juicio, sino en definitiva para que exista.

De la institucionalización de la crítica

Fereydoun Hoveyda mencionaba en forma casi irónica en su ensayo “Las manchas solares” (Cahiers du cinema, no. 110, agosto de 1960), sobre posibilidad de la estructuración de un sistema que permitiese controlar integralmente una crítica de cine basada en lo que ya hemos dicho, principios y compromiso social por el cine y para el cine. Una especie de formula inequívoca para que la obra, cualquiera, pudiera ser evaluada bajo los mismos estándares y así, llegar a una especie de profesionalización del ejercicio.

El carácter en el que lo haya comentado lo pasaremos por alto, pero utilizaremos su gesto, para poner en reducción al absurdo el mismo panorama que él planteaba, y conocer así, no solo la razón del por qué esto no debe existir, lo cual es bastante obvio, sino por qué nunca ha existido, y comprender con esto, el valor de la libertad y solidaridad plena que debe ser inyectado en la crítica de cine actual.

Para la conformación de este sistema, Hoveyda plantea los siguientes puntos:1- La generación de un instituto de opinión pública que realice sondeos para determinar el grado de aceptación de las grandes masas para con la película.2- Un grupo integrado por sociólogos, psicoanalistas y estudiosos del cine que darían cuenta de los motivos que dictan a los consumidores sus juicios perentorios.3- El autor de la obra explicaría sus razones personales, mientras que historiadores y críticos nos proporcionarían la biofilmografía del cineasta y evaluarían las condiciones materiales de la producción. Por ultimo, los estudiosos de la estética y el estilo nos informarían del grado de fascinación que procura la visión de la obra.

De este modo, dispondríamos de un cuadro general que satisficiera hasta al más exigente de los escritores.Hoveyda termina su alegoría irónica a este sistema, mencionando la espera de este u otro mecanismo ideal de crítica cinematográfica como dador de su función. Lo que, aunque sea siguiendo el sarcasmo de Hoveyda, hace preguntarnos ¿qué pasaría si este sistema de verdad pudiera ser llevado a buen puerto?Para el surgimiento de un movimiento reformador de la crítica actual se necesitan insurgentes, de cualquier tipo y sea cual sea su encomienda y objetivos, debería ser una rebelión, y es necesario que nazca de una oposición claramente definida y en contra de los cánones actuales, que dicho sea de paso, le darían su sentido. Por tanto, cualquier dispositivo regidor, mataría su sentido y origen mismo convirtiéndolo en todo menos en una crítica, y por todo, me refiero a la gran maquina publicitaria que marcha con el estandarte de la democratización de los contenidos, y se pone al servicio de la gran industria antes que del espectador y los autores.

Conclusiones

En este punto, cabría la oportunidad de hacernos una pregunta, ¿por qué debe de existir la crítica cinematográfica?

La crítica de cine actual me hace pensar en el libro “La revolución de la riqueza” (Alvin y Heidi Toffler, 2006), y en el sistema que planteaban sus autores con respecto a la crisis por la que pasan las dependencias gubernamentales en los países incluso de primer mundo, a propósito de los cambios en los sistemas económicos y las telecomunicaciones. En los que claramente encontramos un marcado rezago en la funcionalidad en comparación con los demás sistemas económicos que la reforma política neoliberal ha promovido. Mientras las grandes transnacionales, han tenido un gran avance dentro de sus sectores de gestión internos y externos, el sistema de procedimientos adolece dentro de los núcleos de gobierno, razón por la cual, sistemas como el educativo o el de salud mitigan sus capacidades y recursos, afectando el sentido de avance y poniendo en tela de juicio con esto su funcionalidad.Los procesos, las formas, los estilos, y los medios con los que se sigue manejando la crítica en la actualidad, están desfasados en forma y procedimientos de la nueva estructura social, y la industria del cine.

La manera en la que la información nos llega ahora, funciona de una forma muy distinta a lo que la difusión de la vieja crítica estaba acostumbrada. No sólo porque los lectores han cambiado, sino porque el cine, los medios, la sociedad, la economía y prácticamente todas las estructuras de orden lo han hecho también.

Sin embargo, aunque parezca que la solución más asequible sería reformar la manera en la que se llega a los lectores, esto no es una panacea. La convicción de ser crítico cinematográfico debe ir de la mano con un replanteamiento de la función de la crítica como tal. Qué es lo que puede ser, pero sobre todo, qué es lo que queremos que sea.

Con la segmentación de los grupos sociales y la multiculturalidad que existe en espacios urbanos muy reducidos podríamos hablar de la dificultad de llegar a cosechar lectores, pero también de la oportunidad que hay para seccionar los tipos de crítica en un orden mayor, es decir generar plataformas en donde la crítica encuentre el sentido de los géneros cinematográficos y su público, y así, ir desmembrando el nuevo cine y su función.

Se ha dicho en este contexto, que pareciera que cualquier persona pude hoy hacer crítica de cine. Cosa que no es del todo cierta, pero que tampoco nos refleja la impotencia, y que por el contrario nos propone y nos exhorta a participar más en los diálogos  que  se vayan generando con un sentido de compromiso más definido.

Se ha dicho también, que actualmente a la crítica le cuesta trabajo ser punto de referencia para valorar o desacreditar una obra. La razón, según los defensores de esta postura, es que precisamente estos nuevos sistemas tecnológicos de “comunicación” y publicidad de masas dejan muy poco margen para suceder. Pero, ¿será que esto es del todo cierto?, quizás no, pero no desde donde se ha querido dar a entender.El sistema de masas y su funcionamiento esta más que establecido y en constante crecimiento, cada vez es menor el tiempo que se le da al “aire” a cuestiones incluso de índole social, político o económico que nos competen a la sociedad en general. No hay tiempo para discutir y analizar los hechos cuando ya pasamos a lo que sigue, así es, y esto no se va a detener. Es entonces donde la respuesta a la pregunta sobre la derrota de la crítica de cine cobra sentido, porque no se trata de jugar el papel de Zaratustras y dirigirnos a todos y a nadie a la vez, sino que nuestra crítica debe funcionar para abrir espacios de reflexión dentro de los círculos académicos establecidos que procuran estos diálogos, del de los autores que generan nuevos contenidos, del de los cinéfilos que promueven las películas, pero también, debe mirar a aquellos que son parte del cine como acontecimiento, y dar así, un sentido de responsabilidad a lo que se dice para que más allá de promover una cultura visual, el cine recobre sentido como el arte que es.

Es basta la tarea por hacer, pero consideremos que son más las herramientas que hoy tenemos a nuestro alcance, que las que nos antecedieron. Si es claro que no podemos contra el monstruo de mil cabezas que son los medios y su parafernalia, utilicémoslos para nuestros propios fines y llegar a más gente. Hay que preguntarnos si vale la pena seguir manejando la crítica cinematográfica desde la trinchera del intelectual esnobista que solo habla para su elite social, ó bifurcar senderos que abran nuevos caminos que nos permitan hacerle justicia al acontecimiento del cine y su fuerza. Porque el cine es una fortaleza, desde donde se le vea, su lenguaje conforma ideologías y construye sociedades. ¿Por qué debe de existir la crítica cinematográfica entonces?, porque la actualidad del cine y el momento que vivimos lo demandan. Es un deber necesario que funcione a la altura de nuestros tiempos.

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