La Casa de Jack ó Von Trier, el megalómano ordinario

Fecha:

enero 24, 2019

Por: César Luna

Del compromiso social del crítico

En un episodio de la novela de Dostoievski Crimen y castigo, Raskolnikov, el protagonista que ha cometido un crimen, es abordado por su amigo Rasumikhine y el representante de las pesquisas Porfirio Petrovich -estos últimos sin conocer aún la culpabilidad del primero- con la intención de conocer su opinión sobre el concepto de ‘crimen’. No sin celebrar para sus adentros el que se le cuestione al respecto, Raskolnikov prepara uno de los diálogos más relevantes de la novela y que pudiéramos decir, concentra incluso quizá, una de las más elocuentes justificaciones de la identidad misma de la mente criminal.

En The house that Jack built (Lars Von Trier, 2018) El personaje de Jack, se nos muestra con una indolencia nata hacia el acto criminal per se, pero también con una conciencia clara del sentido de culpa que intenta justificar en todo momento con su interlocutor, the Verge, otrora Virgilio. Jack, no es el asesino serial de The silence of the lambs (Jonathan Demme, 1991), quien encuentra en el perfil de la víctima, las razones de sus métodos. Podríamos decir que a diferencia de Buffalo Bill, cuyas razones criminales son justificadas a raíz de un ‘estímulo’ externo de índole social, para Jack, recaen más bien en un rasgo inherente a su personalidad; no mata porque encuentre en su entorno algo que le provoca dicha necesidad, sino que es su certeza de superioridad moral, conducida y demostrada a través de su pulcritud y perfeccionismo, lo que deriva en el acto mismo, como una culminación de su obra de rasgos incluso artísticos para éste.

«Lo que yo insinué fue tan sólo que el hombre extraordinario tiene el derecho…, no el derecho legal, naturalmente, sino el derecho moral…, de permitir a su conciencia franquear ciertos obstáculos en el caso de que así lo exija la realización de sus ideas, tal vez beneficiosas para toda la humanidad…”,

dice Raskolnikov ante el cuestionamiento directo de Petrovich a las ideas plateadas en un artículo escrito por éste, con anterioridad. En dicho escrito, Raskolnikov  había planteado la división de la especie humana en dos grupos, seres ordinarios y seres extraordinarios; siendo los segundos, aquellas mentes únicas que se elevan por encima del promedio, capaces de realizar descubrimientos o llegar a un conocimiento supremo que se traduzca en avances en pro del hombre; aunque esto signifique el pasar por encima de los primeros, o eliminarlos en última instancia. Así, los ordinarios habrían de vivir en la obediencia y no faltar a las leyes.

La ‘división’ a la que hace referencia Raskolnikov, hace eco en ‘La República’ de Platón -dejando fuera las licencias criminales-, que plantea la posibilidad de una sociedad ideal, en la que coexisten tres estratos: trabajadores/artesanos, guerreros y dirigentes. Esta triada, está dispuesta de manera en que sólo los guerreros pueden aspirar a ser dirigentes, y los últimos tienen el derecho de engañar a los trabajadores (masas), si las condiciones y las estrategias políticas lo requieren, con el fin de salvaguardar la integridad y armonía social. Por su parte, los trabajadores son los encargados de proveer de los medios de vida y alimento a la sociedad en general. La estructura abarca además, reglas para los futuros ciudadanos y su rol en la sociedad dependiendo de sus habilidades físicas y cognitivas, además de señalar la importancia de aislar a los discapacitados de la comunicad, y separar a los infantes de sus progenitores desde temprana edad para que sean educados por el estado, y así evitar una influencia que afecte su potencial. Todo ello, en el entendido de que para los griegos, el grado más alto de superioridad moral, legal y cognitiva, era la filosofía.

Un aspecto de Jack, que se hace cada vez más evidente mientras los asesinatos van sucediendo a lo largo de los años, es su imperiosa necesidad de recordar a sus víctimas antes de asesinarlas lo estúpidas que son; factor que deja en evidencia la superioridad moral de la que se cree dueño. La arrogancia con la que planea cada crimen, muestran la visión solipsista y megalómana que va mutando hasta derivar en un hartazgo que causa evidentes torpezas y un criterio cada vez más disoluto.

Con todo, la forma en la que Von Trier decide hacernos presente la estupidez de Jack, es a través de la figura de the Verge. El hecho de que Jack, un asesino serial de libro de texto, cuya soledad encuentre sólo a través de aquel, de naturaleza divina, el único canal de expresión, nos desvela no sólo la religiosidad del personaje, cuya acción es el símbolo inequívoco del acto de confesión tan francamente parroquial, sino también reafirma su conocimiento del bien y el mal dado a los seres ‘ordinarios’.

Cuando Porfirio Petrovich encuentra un halo de ingenuidad en las palabras de Raskonikov, decide hacerle las siguientes preguntas que terminan por irritar a éste último: ¿Usted cree en la Nueva Jerusalén? ¿Y en Dios? ¿Cree usted…? ¿Y en la resurrección de Lázaro? ¿Cree usted sin reservas?, tras contestar a cada pregunta con un sí, y no sin notar que la afirmación se va debilitando por la irritación a medida que ve aparecer más preguntas, Raskolnikov responde: ¿Por qué me hace usted estas preguntas?, a lo que Petrovich contesta de manera vaga, ‘Simple curiosidad…’ -¿Cómo distinguir a esos hombres extraordinarios de los otros?, pregunta Porfirio de nuevo; ‘Porque suponga usted que un individuo perteneciente a una categoría cree formar parte de la otra y se lanza «a destruir todos los obstáculos que se le oponen, para decirlo con sus propias y felices palabras’ añade. -¡Oh! Eso ocurre con frecuencia- lo interrumpe Raskolnikov, para de inmediato añadir: ‘Pero piense que semejante error es sólo posible en la primera categoría, es decir, en la de los hombres ordinarios. A pesar de su tendencia innata a la obediencia, muchos de ellos, llevados de un natural alocado que se encuentra incluso entre las vacas, se consideran hombres de vanguardia, destructores llamados a exponer ideas nuevas, y lo creen con toda sinceridad. Estos hombres no distinguen a los verdaderos innovadores y suelen despreciarlos, considerándolos espíritus mezquinos y atrasados. Pero me parece que no puede haber en ello ningún serio peligro, ya que nunca van muy lejos. Por lo tanto, la inquietud de usted no está justificada. A lo sumo, merecen que se les azote de vez en cuando para castigarlos por su desvío y hacerlos volver al redil. No hay necesidad de molestar a un verdugo, pues ellos mismos se aplican la sanción que merecen, ya que son personas de alta moralidad.-‘ zanja Raskolnikov.

El castigo que infiere el otrora ‘persona non grata’ del festival de Cannes a Jack, es en definitiva de carácter religioso en su diégesis, pero de carácter ‘ordinario’ en su universo creativo. ¿Sería pertinente decir que, como otros, VonTrier ha preferido despreciar a los ‘mezquinos’ esta vez, y autoflagelarse en su camino asumiéndose al menos por ahora, como ordinario?; simple curiosidad…

POSTS RECIENTES